Hoy la Iglesia alza la mirada hacia la Santa Cruz, signo de entrega, de amor y de salvación.
Una Cruz que para nosotros tiene un nombre y un rostro: el del Santísimo Cristo de la Expiración.
Ante Él aprendemos que la Cruz no es el final del camino. En sus brazos abiertos encontramos refugio, entrega, todo el amor llevado hasta el extremo y en su última Expiración, la promesa de una vida que vence a la muerte.
Hoy contemplamos tu Cruz, Señor, la misma que tantas generaciones de hermanos y devotos han mirado buscando consuelo, fortaleza y fe.
Que sepamos abrazar nuestras propias cruces siguiendo tus pasos y que, cuando el camino se haga difícil, nunca olvidemos que junto a la Cruz siempre permanece María, Esperanza nuestra.
Santísimo Cristo de la Expiración,
por tu Santa Cruz, sálvanos y danos tu paz.
📸 Javier Guisado

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