Hoy, 21 de septiembre, Día Internacional de la Paz, elevamos nuestra oración al Santísimo Cristo de la Expiración y a María Santísima de la Esperanza Coronada, poniendo bajo su amparo a todos aquellos que sufren las consecuencias de la guerra, la violencia y la injusticia.
Al Santísimo Cristo de la Expiración le pedimos que su Cruz sea siempre signo de amor, entrega y reconciliación. A María Santísima de la Esperanza, Madre y consuelo de sus hijos, le confiamos nuestras oraciones y anhelos, para que nunca nos falte la esperanza.
Pedimos por la paz en el mundo, una paz que tanto necesitamos y que nace del respeto, la fraternidad, el perdón y el amor entre todos los hombres. Pedimos por el fin de toda violencia, por quienes viven bajo el sufrimiento de la guerra y por tantas familias que anhelan recuperar la tranquilidad y la esperanza.
Elevamos nuestras oraciones por todos aquellos que trabajan cada día por construir un mundo más justo y unido, y para que nunca dejemos de creer en la fuerza del diálogo, el entendimiento y la reconciliación.
Que el Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de la Esperanza Coronada intercedan por nosotros y nos concedan la gracia de ser testigos de paz y esperanza allí donde más se necesiten.

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